"La Pluralidad es Nuestra Carta de Presentación"

La Pluralidad es Nuestra Carta de Presentación
Nada se parece más al pensamiento mítico que la ideología política. Levi Strauss


lunes, 27 de febrero de 2012

"Existe una ruptura entre lo que queremos y lo que hacemos" (Entrevista al Dr. Javier Seoane)

"Existe una ruptura entre lo que queremos y lo que hacemos"
13-Feb 11:27 am|Tal Levy

El investigador afirma que las formas de actuar del venezolano no se corresponden con sus anhelos de modernidad y que prevalece un comportamiento tribal. Critica que la educación para la democracia se limite a una formación cívica y a una concepción legalista de la ciudadanía. El gran desafío cultural, sostiene, es reconocernos como pares
El investigador Javier Seoane
El investigador Javier Seoane | El Nacional
"Allí va el balón medi-cinal, ¡agárralo!; si no, tienes un punto menos. Ahora a saltar el plinto longitudinal porque todo el mundo tiene que hacer eso, lo mismo". Esas palabras resuenan de modo distinto en Javier Seoane, quien está convencido de que se puede enseñar una educación física que no se aboque a la formación del cuerpo en un solo sentido, sino que se abra a la diversidad.

Este doctor en Ciencias Sociales y profesor universitario cree fundamental introducir la educación para la democracia en asignaturas que parecieran no tener relación con los valores democráticos y estar alejadas del contenido político y social, como la enseñanza de las ciencias naturales o de la educación física.

"Hay que matizar la clave militar en la interpretación de nuestro mundo. Ésta se manifiesta, por ejemplo, en la educación física, que es de corte gimnástico. Trata de imponerle a todo el mundo un mismo tipo de ejercicio aun a sabiendas de que nuestros cuerpos y aptitudes físicas son diferentes. Si queremos formar para la democracia, necesitamos una educación física que no sea hipócrita, que no sea de 45 minutos a la semana, sino que valore la formación del cuerpo todos los días y en todo momento, pero con la diversidad propia de cada quien. ¿Por qué la danza no ha de formar parte de la educación física?, ¿acaso no tiene que ver con el desarrollo del cuerpo?", se pregunta el autor de "Nueve tesis sobre educación para la democracia".

Seoane recuerda que las ciencias naturales emergieron en el mundo moderno precisamente contra los dogmas.

"Sería bueno formar a partir de sus métodos críticos, de la discusión deliberativa, racional, pero enseñamos la física, la química, la biología, a partir de contenidos acabados como si fueran verdades definitivas, no del modo como se llegó allí.

Todas las materias se prestan para pensarlas en una clave de formación de ciudadanía, que acepte la diversidad, la pluralidad, que realce el pensamiento crítico, creativo".

--Federico Mayor, ex director de la Unesco, ha afirmado que la democracia consiste en contar, en ser tenido en cuenta, no sólo en ser contado con motivo de unas elecciones o de unas encuestas. ¿Qué concepto de democracia se maneja en Venezuela? --El actual gobierno llegó al poder en 1999 con la premisa de que la democracia venezolana era muy restringida, falsa.

Entonces, para salir de las crisis que afrontábamos desde la década de los ochenta, se requería un cambio político significativo que transformara la idea de democracia para que fuera participativa, protagónica, como se recogió en la Constitución de 1999. Pero, a pesar del cambio constitucional, la democracia en Venezuela sigue limitada a lo representativo y, más grave aún, es una seudodemocracia, pues ha concentrado el poder en muy pocas manos cuando se espera que sea distribución del poder, de la toma de decisiones, empoderamiento de las personas.

--¿Cómo formar para la democracia? --Como ha dicho José Ignacio Moreno León, no hay democracia sin demócratas. Los demócratas no surgen por generación espontánea. La educación es clave y no sólo la escuela, sino los medios de comunicación. El Estado hoy tiene casi un monopolio que se podría aprovechar para hacer campañas de formación ciudadana desde lo más complejo, que es llamar a una cultura de organización y promover las ideas de consejos comunales pero con autonomía, con verdadero empoderamiento de la gente, hasta asuntos más elementales como dónde botar la basura. La educación para la democracia se ha limitado a una formación cívica, incluso incómoda porque es una de las materias que más ha cambiado de nombre. En una época se llamó Formación Social, Moral y Cívica; en otra, Formación Ciudadana y, a veces, Cátedra Bolivariana. La educación se ha dirigido a una visión legalista de la ciudadanía, pero es un concepto más bien cultural. Se adquiere por la vía de un aprendizaje que supone un conjunto de actitudes, una cultura, un ethos democrático, que no se puede enseñar en una materia, en un año aislado y por 45 minutos. Tiene que ser un eje transversal que recorra todas las asignaturas, que cruce todo el sistema educativo. Es algo que se aprende no sólo conceptualmente, sino en la forma de relacionarnos y de participar en la solución de los problemas inmediatos. Como sostenía el gran pensador de la educación para la democracia John Dewey, el aula debe convertirse en un laboratorio para la democracia.

--Ha escrito sobre la necesidad de una ética de mínimos centrada en los valores de justicia y no de felicidad, por cuanto ésta es subjetiva. Sin embargo, los decretos publicados en Gaceta Oficial hablan de la búsqueda de la felicidad. --La distinción entre ética de mínimos y máximos se la debemos a Adela Cortina, quien inspirada en la obra de Max Weber hace una distinción entre el proceder ético en espacios públicos y el más personal, orientado a unos máximos de felicidad. Vivimos en sociedades metropolitanas, plurales, donde coexisten diversos credos no sólo religiosos y políticos, sino incluso en torno a lo que es la felicidad personal. En una sociedad diversa mal haríamos si tomamos las instituciones públicas para imponer un credo determinado en lo que es la felicidad personal. Un escenario así es más bien de guerra, de profunda violencia, porque quienes no comparten ese credo se sienten aplastados, atropellados. ¿Cómo crear instituciones públicas justas en las que quepamos todos? Allí reside un gran reto del pensamiento político contemporáneo. No lo vamos a hacer con concepciones valorativas que imponen una verdad única y le dicen a quien no la comparte que está equivocado, ha sido engañado o tiene malas intenciones.

--¿Toda revolución es necesariamente excluyente y siempre el fin justifica los medios? --El problema con el concepto tradicional de revolución es su fuerte convicción de ser portadora de la verdad. Es una visión vanguardista del mundo: estamos aquí un grupo de personas que vamos a hacer justicia, a transformar la historia, a devolverle la verdad y el sentido a nuestro mundo. La revolución es una apuesta de una ética de máximos. El problema es que terminan siendo siempre traicionadas porque una vez establecidas comienza la lógica de defender la revolución y muchas veces no importa que haya que morirse de hambre para hacerlo; entonces, hay un trastocamiento entre el fin y los medios.

--Si se puede hablar de revolución en Venezuela, ¿en qué etapa nos encontramos, en la de la defensa de la revolución? --No asistimos a una revolución en el sentido clásico, aunque haya un discurso político sustentado en ella y hoy se diga con fuerza que hay que defender la revolución, lo logrado en estos años. En Venezuela hay otra vuelta de tuerca de lo que ha sido una cultura política que se ha impuesto en los siglos XIX y XX. Si cuando llegó al poder Hugo Chávez criticó a las cúpulas podridas de AD y Copei ­y no sin buenas razones dado lo que pasó en los años noventa y sobre todo en el gobierno de Rafael Caldera­ diciendo que la decisión la tomaban dos individuos a medianoche en Miraflores, hoy esos dos individuos quizá se han reducido a uno. Eso no es una revolución. Un cambio profundo de lo que somos en términos de cultura política incluye romper el monopolio del poder, ese personalismo y esa visión casi mítica de que hay un individuo que nos va a salvar y a repartir la inmensa riqueza del país justamente entre todos, que es un mito muy perverso.

--En "Repensar el `dilema' comunitarista-liberal en Venezuela" afirma que la disrupción entre lo que hacemos y lo que deseamos se ha tornado irreflexiva consigo misma. --Venezuela es un país muy trabajador. Es mentira que seamos vagos, pero no tenemos asociado el concepto de trabajo con el de productividad. Por esa historia que nos ligó en el siglo XX a la renta petrolera, hemos sido un país con recursos económicos que nos vincularon con bienes de consumo modernos, con la lógica del vehículo y los aparatos tecnológicos. Queremos los bienestares de la modernidad, pero ¿qué hacemos diariamente en nuestro proceder? Nuestras formas de actuar no están vinculadas con nuestros anhelos culturales, con tener un Estado moderno. Tenemos un comportamiento, como dicen algunos antropólogos, muy tribal, en el que las instituciones públicas son capturadas cada cuanto tiempo por diferentes grupos de poder que se comportan tribalmente, que no tienen una visión ciudadana, sino que aquellos cercanos a mi grupo tendrán la ventaja de acceder a los bienes que supone el poder político y económico.

--¿Qué repercusiones tiene ese hecho? --Las instituciones públicas no funcionan, no se constituye la ciudadanía en Venezuela y la crisis se prolonga en el tiempo porque no podemos resolverla mientras exista esta ruptura cultural entre lo que queremos y lo que hacemos. Por ejemplo, queremos un Estado bajo los principios de la ciudadanía moderna y así lo manifestamos en la Constitución, pero cuando tenemos que aplicarla no procedemos según el espíritu que allí se consagró, sino según intereses grupales.

--¿Qué desafíos nos impone el momento histórico actual? --Infinidad de desafíos; prácticamente, tenemos que reconstruir un país. Tenemos que diversificar la economía pues hoy dependemos más que nunca del petróleo. Hay que sacar de la cama de los moribundos a la Constitución y revitalizarla, construir una política en la que no nos veamos como enemigos, porque allí no hay democracia sino aplastamiento del otro. Debemos transformar el sistema educativo, que no ha tenido un cambio sustancial en los últimos 50 años. Se han creado decenas de universidades, pero ¿es universidad un sitio donde solo se imparte docencia, donde no hay investigación, donde no se crea conocimiento? Sobre todo, hay desafíos de orden cultural: reconocernos como pares, como ciudadanos, no como miembros de un grupo.

--
Nashla Báez
Tesista de la Escuela de Antropología UCV
Pasante del Programa de Cooperación Interfacultades UCV
Co-Fundadora del grupo de Extensión Más Antropología
Twitter:  @NashlaBaez
            @PCI_UCV
            @MasAntropologia
            @TripeateCcs
Skype: nashlabaez


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